LA GRAN FERIA DE MISANTLA DE AGOSTO DE 1955.
Tomado textualmente del libro “Hubo una vez una escuela Normal Rural en Misantla, Veracruz.” del Mtro. Salvador Hernández Mejía.
En Misantla se espera con fervor la feria de agosto porque además de que se celebran las fiestas en que se venera a Santa María de de la Asunción, que es la patrona y protectora del pueblo, son festividades populares en las que la gente da rienda suelta a su alegría, sin importar edades o condición social.
También es cierto que ha habido de ferias a ferias, la del año de 1955 quedó grabada en la memoria colectiva del pueblo por la calidad de sus eventos y el ambiente general de entusiasmo y diversión en que se desarrolló. Seguramente _ “cada quien habla de cómo le va en la feria”, como reza el sabio refrán_ en la historia del pueblo se hayan efectuado tantas ferias hermosas como gustos existían; probablemente haya habido mejores que aquellas; sin embargo, recordamos la de ese año con cariño y nostalgia (quizá porque éramos adolescentes en proceso de cambio), tal vez porque en ella participamos activamente como alumnos de la Escuela Normal.
Contaba el profesor Galicia que una noche allá por el mes de febrero de ese año, Don Pablo ( siempre se refirió así al hablar del profesor Pablo, con el “don) le pidió que lo acompañara a una reunión en el palacio municipal donde se trataría lo relacionado con la feria de Misantla, a celebrarse en el mes de agosto. Se reunían personas importantes en el pueblo para conocer el proyecto de la programación. El presidente municipal era el señor Romualdo Hernández Chimal y lo acompañaba el cabildo en pleno y repito, todos los personajes importantes de la población, incluyendo a los directores de las escuelas primarias de la ciudad. Después de acordar las bases de las convocatoria para nombrar a la reina de la feria y sus princesas, los lugares que se destinarían para los bailes y espectáculos que cada año se presentaban en los festejos; los lugares para los comerciantes de fruta, ropa, dulces y demás productos provenientes de lugares cercanos a Misantla y de otros lugares de la república; el lugar para llevar a cabo las corridas de toros, las carreras de caballos y las peleas de gallos, se invito a la escuela normal para que presentara un festival que sería el numero fuerte del festejo. Se acordó que se realizara en el campo que estaba detrás de la escuela primaria Manuel Gutiérrez Zamora mejor conocida como el “El Calvario “ y donde se iban a instalar también los pabellones de la exposición agrícola, ganadera y comercial.
-¿ Cómo carajo le vamos hacer para organizarnos?
Le decía el profesor Limón al profesor Galicia mientas caminaban de regreso rumbo a la escuela.
- Por los pronto vamos a dormir, ya mañana pensaremos en algo.
- Si quiere le presento un proyecto –le dijo serio el profe Galicia, parados ya en el umbral de la puerta del dormitorio del director.
- ¿ Usted?
- Si yo. No será cosas del otro mundo.
- Bueno, ¡Hágalo¡ Hasta mañana- Se despidió incrédulo don Pablo.
Nos contaba el profesor Galicia que en toda la noche no durmió pensando qué se podría hacer y en que lió se había metido.
– Ora nimodo, ya me comprometí. Eso me pasa por bocón.
– En la madrugada-nos platicaba-, me levanté a pergeñar el proyecto del programa y al otro día nos convocó don Pablo a todos los maestros, para darles a conocer la invitación de las autoridades municipales, les presenté el esquema de un festival artístico, con la participación de maestros y estudiantes normalistas.
-Al terminar mi exposición-continuo diciendo el profesor Galicia – los compañeros quedaron entusiasmados. Sólo a don Pablo se le veía incrédulo.
-¿ Y usted va organizar todo eso?-me preguntó.
-Claro que no, todos van a cooperar. Vamos a nombrar comisiones…
-Muy bien, me gusta-, dijo satisfecho don Pablo, al ver el entusiasmo de sus compañeros
-Vamos a trabajar.
Contaba el profesor Galicia que para organizar los mosaicos de bailables, el primer problema grave fue la falta de muchachitas pues en la Normal no había suficientes para que fueran pareja de todos los alumnos.
-No se preocupe, voy a convocar a los directores de las escuelas primarias para pedirles que colaboren con nosotros. En esta tierra, las niñas de sexto grado ya están grandecitas.
Esto resolvió don Pablo, y fue a convencer a los profesores Manuel Camarillo, Guillermo Pelayo y Guadalupe Mayagoitia, quienes dirigían esas escuelas y, además eran muy entusiastas.
Los siguientes meses fueron de locura para todos, pues nos llevaban al campo de la primaria Manuel Gutiérrez Zamora a ensayar una tabla gimnastica y los bailables ¡ a las cinco de la mañana ¡ Con las muchachitas , el ensayo era por las tardes.
A principios del mes de julio llevaron a las muchachitas y nos repartieron por estaturas.
- La que les toque”-nos dijo en tono serio y amenazante el profesor Galicia.
No chistamos, todas eran muy dignas, simpáticas y bonitas.
La música de los bailables que servirían de fondo eran melodías muy hermosas que representaban a Yucatán, Puebla, Oaxaca y Veracruz que fueron arreglos del profesor Telésforo Maldonado.
Qué admirable era la capacidad de organización y disciplina que imprimía el profesor Galicia a tantas actividades pues sin descuidar sus respectivas clases y las de los demás compañeros, daba instrucciones para la tabla utilizando un silbato para que de inmediato ya estuviera enseñando los pasos de todos los bailables.
Seguramente, dirigir todo esto en un escenario cerrado debe ser difícil, ¡ pero en un enorme campo abierto, sólo el profesor Galicia lo podía hacer ! El fue el creador de todo este enorme festival.
También fue muy emotivo convivir con las compañeras de las escuelas primarias Gutiérrez Zamora, Manlio Fabio Altamirano y Flavia Torre, pues nos veían con cierta admiración, ¡éramos normalistas!
El día 15 de agosto de 1955 fue la apoteosis. Todo el pueblo estaba alrededor del campo que servía para la feria y ocupaba la loma que daba a la escuela Gutiérrez Zamora. Primero se presentaron los bailables y ya con el vestuario multicolor, la hermosa música, los pasos con la suave cadencia de las niñas y el esfuerzo de nosotros, que tratábamos de hacer lo que mejor podíamos, fue un espectáculo maravilloso, nunca antes visto en el pueblo, y creo jamás se ha vuelto a hacer un festival folklórico tan bello como el que presentamos ese día. Los aplausos fueron tan fuertes y tan prolongados que estuvimos obligados a repetirlos. Como fin de nuestra participación presentamos la tabla gimnástica con evoluciones sobre la marcha, que también sorprendió a todo el mundo. Al ritmo de una marcha militar hacíamos evoluciones por filas, cuadros, círculos y espirales sin perder la formación. En ningún momento alguno de los alumnos se equivocó. Otra vez, ante tanto aplauso, se tuvo que repetir tan gallarda marcha.
Fue una estupenda participación la que tuvo nuestra Normal en esa inolvidable feria; y las muestras de cariño y reconocimiento para todos los que la integramos, no se escatimaron entre toda la población de Misantla que nos vio actuar.
Disfrutamos al máximo los días que duró la feria. Los juegos mecánicos con su rueda de la fortuna, las sillas voladoras, los caballitos, el látigo, y el martillo pusieron a prueba nuestro valor y nuestro estomago. Saboreamos a manos llenas la fruta que venía de tierra fría: duraznos, círuelas, nueces, membrillos, manzanas, uvas, peras y todos los antojitos que se ofrecían en las calles. Practicamos nuestra puntería en el tiro al blanco y en los tableros de canicas, en los que ganamos algunos premios que con gusto regalamos a nuestras amigas.
Todo el ambiente festivo y todo el tiempo que duró pudimos gozar al máximo de esta inolvidable feria de agosto; sólo lamentamos que a los bailes apenas si nos asomamos, sólo los vimos de lejos, puesto que en esa época apenas iniciábamos nuestros pasos en tan noble y apasionante arte.
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